A si se vivio el Hell and Heaven

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El pasado 4 de mayo fue una término regular trabajoso para la capital mexicana. El tránsito en cada una de sus calles se multiplicó por diez y los contorno del Autódromo Hermanos Rodríguez no se salvaron.

Testament fue el primer testigo de la enojo de Tlaloc sobre los headbangers que no dejaban de matear con un set con enormemente thrash, requiebro de “Into The Pit”, “Practice What You Preach”, “The Pale King”, “Low” y más.

El desorden en su dicho visaje. Sabaton en un círculo, Mastodon en otro; Refusedconvocando a miles soez el lluvia, Bad Religion recordando viejas glorias; Dead Cross, con Mike Patton y Dave Lombardo, dando el soundtrack para el dios de la lluvia y The Darknesssorprendiendo a propios y extraños. Así podríamos reducir la primer tarde en la Curva 4.

Lo mejor del primer día estaba cerca. Deep Purple y Scorpions fueron las leyendas que cerrarían el lección. El combo de clásicos llegó entretanto los fans se debatían entre la fortaleza y la segur entre injuria, charcos e impermeables vendidos en una abundancia.

“Highway Star” en el Heaven, “Going Out With a Bang” en el Hell (notorio con horas de diferencia) fueron las primeras dos canciones en sonar en sus respectivos sets. Energía, casta y escuela para las nuevas generaciones.

Sus shows, acompañados de una gran hermoseamiento y un audio que se comportó a la mérito a pesar del aire, fueron los mejores de la lluviosa noche.

“Black Night”, “Space Truckin'” y “Smoke on the Water” por un división; “Wind of Change”, “The Zoo”, “Blackout”, “Rock You Like a Hurricane” por el otro. Dos combinaciones perfectas para sepultar el atmósfera y lograr preparados al santiamén día del festival.

Día dos. Por fortuna, un calabobos no sé veía por nadie puesto y el sold out aseguraba una trayecto cumplidora.

Saxon fueron los primeros en poner el talante a divisoria a las 16:00 hrs. Entretanto Nervosa, en el True Stage, daba una dosis de poesía y thrash metal.

Los platos fuertes llegaron umbralado la tarde. Tankard y su oda a la cerveza hicieron que los pits no se detuvieran durante 50 minutos.

Por satisfacción, el pancarta tenía bandas para todos. Gojira tenía con “Stranded”, “L’Enfant Sauvage” y “Vacuity” una dosis de death metal que serviría de vestíbulo para que Marilyn Manson acabara con la intensidad acumulada con un show, que siendo sinceros, quedó a deber y que ni “The Beautiful People” pudo liberar. Lo más esperado se acercaba peligrosamente. Gwar y su show con linaje incluida llegó a ilustrar la tarde y sofocar motores para una noche que quedaría en el sentimientos de todos.

Megadeth, en su acostumbrada cita anual, no defraudó, también sorprendió con la inclusión de “Take No Prisoners” en el setlist, pero quedó a misión con la versión en castellano de “Trust”. Mención honórifica para Dave Mustaine y su coito sincero hacía México y el espectacular obligación de Kiko Loureiro en “Tornado of Souls”

La rebato llegó con Tenacious D, quienes a resentimiento de que Judas Priest estuviera repartiendo clásicos en el Heaven Stage, convocaron a la máximo traza del ambiente opcional. Aplausos para Jack Black.

Mientras baza, Judas Priest y los cambios de vinculación que los han mermado, hicieron que el preliminar del show exterior desconcertante. Al extremo todos terminaron felices coreando “Breaking The Law”, “Eléctric Eye”, “Freewheel Burning” y “You’ve Got Another Thing Coming”.

Minutos antaño de que la sombra terminara, la poesía de Simone Simons acaparó las miradas de todos en el True Stage. Un jugueteo de trascendencia fue petulante para que Epica salieran en hombros con canciones como “Cry of the Moon”.

Ozzy Osbourne merece una sugerencia peculiar, de principio porque probablemente sea su última turista a México. En segunda porque Zakk Wylde es un héroe de las cuerdas, no hay más. Las canciones, una oleada de hits, desde “Bark at The Moon” y “Crazy Train” pasando por “War Pigs”, “Shot in The Dark” y por virtual “Paranoid”. ¿Ozzy? El amo del tablado y del heavy metal. Así de humilde.

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