Adictos al físico perfecto

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La vigorexia es el monstruo de los gimnasios, una enfermedad que proviene de los estereotipos de belleza que nos dicen que los muchachos altos, fuertes y bellos, son los más felices, lo cuál no es una regla.

Comienza la época del calor, los abrigos y prendas de invierno vuelven al clóset, y en todos lados vemos personas que parecen festejar de modo anticipado la primavera, con ropa vistosa y ligera.

La ciudad hierve a medio día, con temperaturas que rebasan los 25 grados; todo el mundo se queja de que el calor sofocante resta fuerza física y, sin embargo, basta entrar en un gimnasio para darse cuenta de que hay hombres y mujeres capaces de entrenar por varias horas sin descanso, con cargas que duplican, e inclusive triplican, su propio peso corporal.

Estas personas están animadas por un ideal poderoso, pero no es el de ser más rápidos, ágiles o fuertes; ellos sólo quieren tener un físico perfecto, no les interesa participas en los Juegos Olímpicos o ganar algún título, porque lo único que buscan es que los demás los acepten. Lo más triste de este caso es que, hagan lo que hagan, nunca lo consiguen.

A este tipo de personas se les denomina vigoréxicos, aquellos que visitan un gimnasio de manera asidua y compulsiva, porque tienen una idea distorsionada de su propia imagen física. “Pueden tener un físico agradable” -a decir de Román Jorge López Rodríguez, entrenador físico de la FES Acatlán, Universidad Nacional Autónoma de México- “pero ellos mismos no lo ven así”.

El especialista comenta que la vigorexia es una enfermedad social que afecta cada día a más personas, y es producto de los estereotipos de belleza generados por los medios de comunicación que continuamente nos dicen que los muchachos altos, fuertes y bellos, son los más felices; lo cual de ningún modo es una regla en la vida real.

El monstruo de los gimnasios
Este desorden se presenta con mayor incidencia en el género masculino, entre los 16 y los 18 años de edad, aunque también ataca a alguna que otra mujer adolescente.
Los chicos que padecen vigorexia, por lo general tienen buen tono y desarrollo muscular, pero ellos se perciben endebles y pequeños, aunque los demás piensen y opinen lo contrario; se comparan constantemente con otros y, al sentirse frustrados porque se perciben menos “atractivos”, recurren a métodos radicales para lograr la anhelada masa muscular: hacen dietas de alta ingesta -esto quiere decir que consumen comida en grandes cantidades para asegurar la mayor cantidad de proteína y de hidratos de carbono-  para aumentar su volumen corporal.

En muchos casos recurren a esteroides y anabólicos –que aceleran el crecimiento y desarrollo de los músculos- porque piensan que sus resultados son lentos, aun cuando en realidad sean óptimos. Es necesario denunciar a los instructores que sugieren el uso de esos productos y que. Inclusive, los venden, pues no tienen ética profesional, ya que ponen en riego la vida del que los consume. Según Román López: “En realidad trafican droga y, a la larga, el uso de estas sustancias afecta tanto al cuerpo, que después de un tiempo, puede llegar a provocar enfermedades, defectos físicos reales e incluso, la muerte”.

Focos rojos
El deporte es fuente de vida y salud a cualquier edad, y es muy sano que los jóvenes lo practiquen con empeño, pero hay que estar pendientes de la dinámica de dicha práctica. Si la persona pierde interés en otras actividades por asistir al gimnasio, muestra preocupación desmesurada por su aspecto físico, entrena varias horas al día, dice tomar “complementos” que lo ayudan a mejorar su rendimiento, descuida sus obligaciones escolares o familiares, y únicamente socializa en del cuarto de pesas, hay focos rojos muy preocupantes, que deben atenderse a la brevedad.

La depresión domina la vida de las personas vigoréxicas, pues sufren de baja autoestima, tristeza, ansiedad y temor a ser rechazados por la sociedad, por lo que consideran un mal o pobre aspecto. Algunos llegan, inclusive, hasta el suicidio, pues lo ven como única salida a su sufrimiento.

La unión hace la fuerza
Está comprobado la importancia de la familia para ayudar a uno de sus miembros a superar este problema, pues con su apoyo, el afectado puede recuperar su autoestima y olvidarse de que la aceptación y dignidad que cada persona merece, se encuentra lejos de obedecer al aspecto físico que dicte la moda. En casos más graves, la terapia con psicólogos es recomendable, pues ayuda a reforzar los valores de la autoestima, el respeto y el cuidado hacia el propio cuerpo.

Llevar una vida ordenada y sana, es el primer paso para aceptarse en la propia belleza, pero si además practicamos algún deporte, tenemos las llaves correctas para abrir la puerta a una vida más plena y equilibrada.

 

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