Aloha: el divino aliento

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La palabra Aloha es más que un simple “hola” o “adiós” tiene muchos más significados, es toda una filosofía de amor  y de energía cósmica.

¿Alguna vez has oído la palabra aloha? Seguro que sí, no importa si perteneces a la generación de  La Isla de la fantasía o a la más reciente de Lilo y stitch, esa es una de las palabras más pronunciadas en el mundo y por eso ha llegado a tus oídos.

Su sólo sonido evoca imágenes de paraíso, flores coloridas y exóticas, volcanes, atardeceres espectaculares, música y danza. Y aunque todos creemos que aloha sólo significa un simple “hola” o “adiós” tiene muchos más significados, pues es toda una filosofía de amor  y de energía cósmica.

Si la pronuncias en voz alta, podrás darte cuenta que al llegar a la letra h se te irá un poco el aliento, esto es porque la palabra en sí misma representa un aliento divino que está conformado por todas las virtudes que tiene un ser humano.

Los hawaianos tienen fama de ser un pueblo muy cordial y amoroso con sus semejantes, debido a que practican los principios de esa palabra sagrada, que significa paciencia en el vivir cotidiano, amor por el presente, vínculos eternos con todos los que han cruzado por nuestro camino, flexibilidad, tranquilidad de espíritu y amabilidad vista como el ejercicio de educar la voluntad para dar.

El perdón es otro elemento muy importante que conforma el aloha, pues implica inteligencia para saber vivir en paz y armonía con nosotros mismos, ya que al perdonar nos deshacemos de lo que nos lastima por dentro.

¿Pero, cómo podemos llevar hasta nuestro corazón todo esto que, si bien es una forma de vida difícil en la práctica, es ideal en los resultados?

El aloha combate el espíritu de la hostilidad, derrumba las barreras que alzamos hacia los demás; por tanto nos permite aprender de los que nos rodean y de nosotros mismos. Así, si estamos abiertos a aprender de los demás y brindar nuestra propia experiencia, tendremos una sabiduría común.

El espíritu del Aloha es lo que ha mantenido viva la danza hawaiana, lo que la ha hecho crecer, evolucionar y constituirse en el máximo patrimonio cultural de Hawai; pues aunque  a primera vista parece que bailar Hula es sólo mover la cadera de forma cadenciosa y espectacular, los buenos bailarines se educan en el esfuerzo de la modestia cotidiana para aprender y para enseñar.

Atendiendo a este principio, es imposible por ejemplo, demostrar soberbia si un bailarín observa que otro baila con menor técnica. El sólo hecho de hacer un comentario de reprobación resta  de modo automático y visible el prestigio, la pureza y el poder en su propia danza.

Por tanto, quienes observan, lo hacen en silencio y sin cruzar los brazos, ni ponerlos atrás. La posición ideal del espectador que también es ejecutante, es la de mantener una postura erguida con los brazos a los costados y las palmas de las manos hacia fuera en actitud receptiva y energética.

Esto con el fin de captar hasta el más mínimo destello de virtud de cualquiera que baile: ya sea principiante o maestro; pues cuando observamos con atención, sin prejuicios y sin aires de superioridad (fundada o no),  podemos encontrar lo que no tenemos y el modo de integrarlo a nuestro actuar.

Tal vez parece muy difícil vivir bajo estos preceptos, pero si empezamos desde hoy a aprender y enseñar con buena disposición, crearemos el círculo de poder indestructible que es el máximo anhelo del Aloha y haremos una cadena de eslabones humanos en equilibrio.

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