Carlos y el fut

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Faltaban 15 minutos para que se acabara el partido, en la banca sólo estaban Carlos, Jorge y Benjamín…

Faltaban 15 minutos para que se acabara el partido, en la banca sólo estaban Carlos, Jorge y Benjamín. Todos se voltearon a ver cuando sacaron a Fer en la camilla derechito a la enfermería. Alguien tenía que entrar en su lugar y el entrenador se quedó pensando: iban empatados y no podían darse el lujo de perder, porque entonces sí quedarían descalificados.

Carlos dijo: yo puedo entrar,¿si? El entrenador señaló a Benjamín:calienta porque vas tú. Después volteó a ver a Jorge y a Carlos:Jorge, tú estás lastimado y tú Carlos…mmm, no, mejor en otra ocasión. La verdad es que Carlos no era malo par el fut…era pésimo. Todos lo sabían, hasta él, pero el fútbol era su máximo y quería jugar.

Cuando terminó el partido, Carlos fue el último en salir de los vestidores, estaba triste y no quería que su papá le preguntara cómo le había ido. El papá de Carlos se dio cuenta de que algo andaba mal y le sacó todo el rollo. Entonces le dijo que lo que más le enorgullecía de tener un hijo como él, no era si jugaba o no, sino que nunca se dejaba vencer, ni influir por la opinión de los demás. Carlos sonrió y decidió que iba a entrenar durísimo para ser cada día mejor.

En cuanto llegaba de la escuela, comía, hacía su tarea y empezaba a entrenar en el patio de su casa. Su papá le ponía algunos ejercicios y lo ayudaba tirando para que practicara sus paradas. Llegó por fin el partido que habían estado esperando. Su equipo, Los Tlacuaches del Sur, había pasado de panzazo a la final y si lograba ganar, sería el campeón de la liga.

El partido estuvo duro, ya en el primer tiempo había algunos problemillas para los Tlacuaches. A Gonzalo le había salido sangre de la nariz después de un choque contra otro jugador y además iban perdiendo 1 a 0. Faltaban 10 minutos para que terminara el partido, cuando Julio el portero, se desmayó en plena cancha. El doctor dijo que por insolación. El entrenador entró en shock, sólo Jorge y Carlos estaban disponibles, pero Jorge seguía lastimado. El cambio de portero era inevitable. Sin la más mínima esperanza, el entrenador le dijo a Carlos: vas como portero.

Fueron los 10 minutos más emocionantes del partido.  El equipo contrario no dejó de atacar la portería de Carlos. El entrenador estaba impactado: Carlos era buenísimo como portero y no dejó que entrara un solo gol en la portería. Lo malo fue que eso no fue suficiente, iban 1-0 y los Tlacuaches no habían podido meter un gol. El partido terminó con el mismo marcador.

Los Tlacuaches del Sur salieron tristísimos de la cancha, pero todos sin excepción felicitaron a Carlos por sus paradones. El entrenador le dijo que de ahora en adelante sería el portero oficial del equipo y que seguro ganarían el próximo campeonato. Su papá lo abrazó y le dijo ¡porterazo!

Carlos estaba feliz y se sentía el mejor portero de la liga, que digo de la liga, de México, que digo de México, ¡del mundo! Y decidió que, cuando fuera grande, sería el portero de la Selección Nacional.

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