¿Sólo por que soy mujer?

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Las mujeres valen lo mismo que los hombres en todos los aspectos. ¿Es justo que se las someta a pruebas médicas para otorgarles un puesto de trabajo?

Rosa María es madre, esposa y una calificada profesionista. Cuando estudiaba en la universidad la licenciatura en Administración de Empresas, obtuvo la prestigiosa medalla Gabino Barreda, la cual otorga la Universidad Nacional Autónoma de México al mérito universitario (es decir, a la excelencia académica de los alumnos).

Después de un año que se tomó para dedicarse a cuidar a su hija recién nacida, decidió buscar de nuevo empleo. Por medio de Internet, encontró una oferta que le pareció conveniente, pues se dio cuenta que cubría perfectamente el perfil laboral solicitado. Así que decidió mandar su currículo vía mail, y participar en el proceso de selección para el puesto vacante.

Una semana más tarde, recibió una llamada del departamento de Recursos Humanos de la empresa que solicitaba al personal: ella debía de presentarse en la empresa para realizar una entrevista con quien sería su jefe inmediato.

Tres días más tarde, nuevamente recibió una llamada de la empresa; el proceso de selección para la vacante en disputa había concluido, “el puesto era suyo”. Lo único que tenía que hacer, era realizarse ciertos estudios de laboratorio, “puro trámite” para que obtuviera su contrato

Los estudios que le solicitaron eran una prueba de embarazo y una muestra de sangre, para “verificar” que no estuviera contagiada de VIH.  De repente, su situación laboral dio un vuelco más que violento y vergonzoso: de los resultados que arrojaran los estudios, dependía su contratación.

Al respecto, ella comenta: “¿A los varones se les somete a las mismas pruebas? ¿No estar embarazada y no estar contagiada de VIH garantiza mi desempeño? ¿Valgo, en términos laborales, por mi condición? A todas luces, tal práctica es un abuso y una prueba fehaciente de discriminación, que no sólo ofende a las mujeres, sino a la sociedad en su conjunto” .
Así como el caso de Rosa María, existen muchas otras mujeres que han sido obligadas a someterse a dicho estudio para conseguir un empleo. Según la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, en su artículo 4º afirma: “Se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas”.

Por ello lo que se necesita para acabar con dicha práctica, es denunciar ante las autoridades competentes, a las empresas que exigen para la contratación de su personal tales pruebas o cualquier otro tipo de situación que lastime o vulnere la dignidad de las personas. En cada uno está la responsabilidad de ponerle fin a este abuso. Las leyes nos amparan, hagamos uso de ellas para defender nuestros derechos. Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer es un buen pretexto para poner la lupa sobre este tipo de situaciones que continúan sucediendo y darles seguimiento, porque el respeto a las garantías individuales debe celebrarse durante todo el año.

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